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Reportaxe "La Voz de Galicia"


Verdura para la jungla de asfalto
Michelle Obama y Verónica Berlusconi convirtieron en tendencia las huertas urbanas. En Galicia ya están pegando fuerte y este mes nacerán dos asociaciones

Alfonso Andrade 7/2/2010 La voz de Galicia

Es verdad que pocos privilegiados disponen en el hogar de un currunchiño de cien metros cuadrados para plantar sus lechugas como la hortelana Michelle en la Casa Blanca, pero tampoco es necesario. La primera dama americana, Verónica Berlusconi y otras celebridades han impulsado una moda absolutamente implantada en Canadá y el norte de Europa que llega ahora con fuerza a Galicia. El minifundio se estila también en las huertas urbanas que empiezan a poblar el paisaje gris de las principales ciudades para hacer realidad un viejo sueño del burgués: regresar al campo.

Basta con una pequeña terraza. Con habilidad, incluso un balcón. Con las flores y las plantas decorativas de retirada, tomates y calabacines se adueñan de los maceteros. El asunto va en serio y este mes verán la luz dos asociaciones que propugnan estas prácticas ecológicas. Ramón Paz es uno de los impulsores de la Asociación Galega de Horticultura Urbana (http://hortaurbana.blogspot.com). Nace también la Asociación de Usuarios e Usuarias das Hortas do Val de Feáns (en las afueras de A Coruña), que cederá parcelas de 40 a 60 metros cuadrados para su cultivo por urbanitas.

Pero empecemos por la cruda realidad del balcón, parco en metros como caprichoso en esquinas. ¿Qué se puede hacer para convertirse en microagricultor de novena planta?

«En primer lugar, echarle imaginación -ilustra Ramón Paz, que cosecha los productos de sus macetas en los tres metros cuadrados que cultiva en su piso de Milladoiro-. Después es preciso hacerse con dos baldas para disponer de un sistema colgante de cultivo en vertical». Las hay de varias casas comerciales y cuestan unos 130 euros. Suelen ocupar un metro, por 25 centímetros de ancho y 1,10 de altura.

A partir de ahí, la orientación del balcón, por las horas de sol, es clave para determinar qué se puede cultivar. «Para poder plantar cualquier cosa -precisa Ramón Paz, informático de profesión- se recomiendan cinco o seis horas directas de luz solar al día durante todo el año. Si no, hay que conformarse con determinados vegetales».

Zanahorias y calabacines

En el cultivo urbano no se puede usar tierra mineral, sino sustrato orgánico, más ligero, y es preciso además un sistema de riego por goteo que permita ausentarse de casa unos días. Paz desarrolló «uno casero de goteo por gravedad», con un difusor que suelta una gota cada medio minuto. «Con cinco litros riego mi pequeño huerto dos o tres días seguidos».

¿Y qué se puede cultivar? Depende de los litros de sustrato orgánico. Se necesitan 30 para el calabacín, mientras a la lechuga le valen con 5. «Y la espinaca no necesita ni medio litro. Con poco espacio, todo el verde de la ensalada es lo que hace rendir más el huerto. El mío es de 60 litros, 30 por balda. De él he sacado también pimientos, tomates, calabacines y unas zanahorias impresionantes, y en un año me puede dar tres o cuatro cosechas de espinacas... ¡Ah, y unas quince lechugas!», se enorgullece el experto.

Internet está atiborrado de instrucciones y ejemplos de cómo hacer un huerto urbano, aunque los especialistas aseguran que lo más interesante y divertido es crearlo uno mismo, probar, investigar... «Es como hacer maquetas», bromea Ramón Paz.

Mercadillos

Uno de los objetivos de la Asociación Galega de Horticultura Urbana será la organización de mercadillos en los que los socios «podrán intercambiar sus excedentes, sin dinero de por medio, solo mediante el trueque», en un intento más por llevar la naturaleza a la ciudad. Este movimiento se relaciona con la permacultura (hábitats humanos sostenibles) y el slow food .

Fuente: La voz de Galicia

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